Por Jose Serrano
CEO de Izo y Direc­tor del Pro­gra­ma Supe­rior en Expe­rien­cia de Emplea­do de DEC

¿Y si escu­char más a nues­tros emplea­dos no sig­ni­fi­ca­ra nece­sa­ria­men­te enten­der­los mejor? ¿Y si una com­pa­ñía pudie­ra tener bue­nos datos de cli­ma, bene­fi­cios atrac­ti­vos y una poten­te pro­pues­ta de valor… y estar ofre­cien­do, aun así, una mala expe­rien­cia? ¿Cuán­tas deci­sio­nes sobre per­so­nas toma­mos pen­san­do en el emplea­do y cuán­tas enten­dien­do real­men­te lo que vive? ¿Y quién ges­tio­na la Expe­rien­cia de Emplea­do cuan­do ter­mi­na la res­pon­sa­bi­li­dad de Recur­sos Huma­nos?

Qui­zá el gran reto de la Expe­rien­cia de Emplea­do ya no sea con­ven­cer a las orga­ni­za­cio­nes de que las per­so­nas impor­tan. Eso, al menos sobre el papel, pare­ce bas­tan­te asu­mi­do. El ver­da­de­ro reto está en saber con­ver­tir esa inten­ción en una expe­rien­cia que pue­da com­pren­der­se, dise­ñar­se, ges­tio­nar­se y trans­for­mar­se.

Por­que entre “poner a las per­so­nas en el cen­tro” y con­se­guir que real­men­te lo per­ci­ban hay bas­tan­te más que una encues­ta, un pro­gra­ma de bien­es­tar o una bue­na estra­te­gia de comu­ni­ca­ción inter­na. Hay escu­cha e inves­ti­ga­ción, pero tam­bién dise­ño, cul­tu­ra, lide­raz­go, datos, gobierno, capa­ci­dad de acti­va­ción y cone­xión con el nego­cio.

Y pre­ci­sa­men­te ese espa­cio entre que­rer cons­truir una gran expe­rien­cia y saber cómo hacer­lo es el que que­re­mos abor­dar en el Pro­gra­ma Supe­rior en Expe­rien­cia de Emplea­do de DEC. No para sumar más teo­ría sobre la impor­tan­cia de EX, sino para desa­rro­llar la visión, las meto­do­lo­gías y las capa­ci­da­des nece­sa­rias para ges­tio­nar­la de ver­dad.

El pri­mer paso es apren­der a escu­char de otra mane­ra y enten­der que todos los momen­tos no tie­nen la mis­ma impor­tan­cia y que dibu­jar un jour­ney no trans­for­ma una orga­ni­za­ción.

Las orga­ni­za­cio­nes dis­po­nen hoy de una enor­me can­ti­dad de infor­ma­ción sobre sus per­so­nas. Pero tener datos no sig­ni­fi­ca nece­sa­ria­men­te com­pren­der­las. La ver­da­de­ra escu­cha exi­ge conec­tar lo que pre­gun­ta­mos con lo que suce­de, enten­der expec­ta­ti­vas, per­cep­cio­nes y com­por­ta­mien­tos e iden­ti­fi­car aque­llos momen­tos en los que una orga­ni­za­ción se jue­ga bue­na par­te de su rela­ción con sus emplea­dos.

La incor­po­ra­ción a una com­pa­ñía, la rela­ción con el res­pon­sa­ble direc­to, una pro­mo­ción, un cam­bio orga­ni­za­ti­vo, el reco­no­ci­mien­to des­pués de un esfuer­zo extra­or­di­na­rio o inclu­so la sali­da pue­den dejar una hue­lla mucho mayor que dece­nas de inter­ac­cio­nes coti­dia­nas. Cons­truir el Emplo­yee Jour­ney nos per­mi­te hacer visi­ble esa expe­rien­cia y empe­zar a mirar la orga­ni­za­ción no des­de sus pro­ce­sos, sino des­de quien los vive.

El ver­da­de­ro reto apa­re­ce des­pués: ¿qué hace­mos con lo que hemos des­cu­bier­to?

Ahí es don­de EX nece­si­ta méto­do. No pode­mos trans­for­mar todo a la vez ni todas las ini­cia­ti­vas gene­ran el mis­mo impac­to. Hay que inter­pre­tar, prio­ri­zar, dise­ñar la expe­rien­cia que que­re­mos ofre­cer y con­cen­trar los esfuer­zos allí don­de real­men­te pue­den cam­biar algo. Pasar, en defi­ni­ti­va, de una colec­ción de accio­nes a una estra­te­gia de Expe­rien­cia de Emplea­do.

Y es que, pode­mos defi­nir valo­res cor­po­ra­ti­vos impe­ca­bles, pero la cul­tu­ra real no es la que apa­re­ce escri­ta en una pared, sino aque­lla que el emplea­do expe­ri­men­ta cada día. Si habla­mos de con­fian­za pero dise­ña­mos des­de el con­trol, defen­de­mos la cola­bo­ra­ción pero reco­no­ce­mos úni­ca­men­te el resul­ta­do indi­vi­dual o deci­mos escu­char pero las deci­sio­nes nun­ca cam­bian, apa­re­ce una bre­cha difí­cil de escon­der: la dis­tan­cia entre la orga­ni­za­ción que deci­mos ser y la que nues­tras per­so­nas expe­ri­men­tan.

“Tra­ba­jar EX impli­ca, por tan­to, actuar pre­ci­sa­men­te sobre esa cohe­ren­cia entre pro­pó­si­to, cul­tu­ra, pro­ce­sos, lide­raz­go y expe­rien­cia”.

Y aquí apa­re­ce otro de los gran­des pro­ta­go­nis­tas: el mana­ger. La expe­rien­cia de un emplea­do no se cons­tru­ye exclu­si­va­men­te des­de Recur­sos Huma­nos. Se jue­ga cada día en con­ver­sa­cio­nes, deci­sio­nes, reco­no­ci­mien­tos, opor­tu­ni­da­des, nive­les de auto­no­mía y for­mas de rela­cio­nar­nos. Dos per­so­nas pue­den tra­ba­jar para la mis­ma empre­sa y estar vivien­do orga­ni­za­cio­nes com­ple­ta­men­te dife­ren­tes.

Por eso nece­si­ta­mos pro­fe­sio­na­les de EX capa­ces de mirar mucho más allá de una encues­ta. Pro­fe­sio­na­les que sepan inves­ti­gar y medir, pero tam­bién dise­ñar, prio­ri­zar, movi­li­zar a los líde­res, cons­truir mode­los de gobierno, acti­var cam­bios y demos­trar el impac­to de las deci­sio­nes adop­ta­das.

Ese es, para mí, uno de los gran­des valo­res de for­mar­se hoy en Expe­rien­cia de Emplea­do: apren­der a conec­tar pie­zas que duran­te dema­sia­do tiem­po hemos ges­tio­na­do por sepa­ra­do. Inclu­so CX y EX. Por­que resul­ta cada vez más difí­cil hablar de la expe­rien­cia que que­re­mos ofre­cer a nues­tros clien­tes sin pre­gun­tar­nos por la que viven las per­so­nas que tie­nen que hacer­la posi­ble.

Qui­zá por eso el siguien­te sal­to de la EX no con­sis­ta en escu­char más, medir más o lan­zar más ini­cia­ti­vas, sino en algo bas­tan­te más ambi­cio­so: com­pren­der mejor para deci­dir mejor, dise­ñar con inten­ción, acti­var con méto­do y con­se­guir que “poner a las per­so­nas en el cen­tro” deje de ser una decla­ra­ción para con­ver­tir­se en una for­ma de ges­tio­nar.