Por Pedro Ángel Corra­li­za
Pro­fe­sor Área RRHH de la Facul­tad de Cien­cias Jurí­di­cas de CEF.- UDI­MA

Hablar hoy de la fun­ción de Recur­sos Huma­nos es hablar de trans­for­ma­ción. Lejos que­dó aque­lla con­cep­ción limi­ta­da y mera­men­te admi­nis­tra­ti­va del “jefe de per­so­nal” para dar paso a una figu­ra estra­té­gi­ca, cla­ve en la sos­te­ni­bi­li­dad y com­pe­ti­ti­vi­dad de las orga­ni­za­cio­nes. La evo­lu­ción del direc­tor o direc­to­ra de RR.HH. no es solo una con­se­cuen­cia natu­ral del paso del tiem­po, sino una res­pues­ta nece­sa­ria a un entorno cada vez más com­ple­jo, cam­bian­te y exi­gen­te.

Las pre­sio­nes actua­les sobre esta fun­ción son múl­ti­ples y simul­tá­neas, como son la incor­po­ra­ción de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial en los pro­ce­sos de ges­tión del talen­to, la con­vi­ven­cia en la era humano-máqui­na, el lide­raz­go en con­tex­tos de incer­ti­dum­bre y la ace­le­ra­ción del apren­di­za­je en áreas crí­ti­cas, ya que mar­can la agen­da prio­ri­ta­ria de los res­pon­sa­bles de Per­so­nas. No se tra­ta de ten­den­cias pasa­je­ras, sino de fuer­zas estruc­tu­ra­les que están rede­fi­nien­do el rol y las com­pe­ten­cias del director/a de RR.HH.

His­tó­ri­ca­men­te, la ges­tión de per­so­nas nació con un enfo­que cla­ra­men­te admi­nis­tra­ti­vo. Duran­te la Revo­lu­ción Indus­trial, su misión se limi­ta­ba al con­trol de hora­rios, nómi­nas, con­tra­ta­ción y des­pi­do. El foco esta­ba en la efi­cien­cia ope­ra­ti­va, no en las per­so­nas como gene­ra­do­ras de valor, sin embar­go, este mode­lo pron­to mos­tró sus limi­ta­cio­nes, a medi­da que las orga­ni­za­cio­nes cre­cían y el entorno social evo­lu­cio­na­ba, se hizo evi­den­te que la pro­duc­ti­vi­dad no depen­día solo de pro­ce­sos y nor­mas, sino tam­bién de la moti­va­ción, el bien­es­tar y las rela­cio­nes huma­nas.

Así sur­gió un enfo­que de ges­tión más inte­gral, espe­cial­men­te a lo lar­go del siglo XX, en el que las orga­ni­za­cio­nes comen­za­ron a reco­no­cer la influen­cia de los fac­to­res socia­les y psi­co­ló­gi­cos en el desem­pe­ño. Este cam­bio obli­gó a los res­pon­sa­bles de RRHH a ampliar su mira­da, ya no bas­ta­ba con admi­nis­trar, era nece­sa­rio com­pren­der la cul­tu­ra orga­ni­za­ti­va, impul­sar el desa­rro­llo de las per­so­nas y equi­li­brar los resul­ta­dos empre­sa­ria­les con el bien­es­tar de los emplea­dos. El res­pon­sa­ble de ges­tión de per­so­nas dejó de ser un actor peri­fé­ri­co para con­ver­tir­se en un agen­te trans­ver­sal den­tro de la orga­ni­za­ción.

En las últi­mas déca­das, este pro­ce­so se ha ace­le­ra­do de for­ma expo­nen­cial debi­do a la glo­ba­li­za­ción, la digi­ta­li­za­ción, la auto­ma­ti­za­ción y el uso inten­si­vo de datos, que han dado lugar a un enfo­que cla­ra­men­te estra­té­gi­co de los Recur­sos Huma­nos, debi­do a que hoy el talen­to es reco­no­ci­do como una de las prin­ci­pa­les fuen­tes de ven­ta­ja com­pe­ti­ti­va y su ges­tión se con­ci­be como un sis­te­ma inte­gra­do, que abar­ca des­de la atrac­ción has­ta el desa­rro­llo y la fide­li­za­ción.

En este con­tex­to, la Direc­ción de Per­so­nas ocu­pa un lugar cen­tral en la estruc­tu­ra direc­ti­va y par­ti­ci­pa acti­va­men­te en la defi­ni­ción de la estra­te­gia y en la cons­truc­ción de la arqui­tec­tu­ra huma­na de la orga­ni­za­ción. Su reto no es menor, ya que se debe de cen­trar en crear cul­tu­ras cor­po­ra­ti­vas que fomen­ten el apren­di­za­je con­ti­nuo, la adap­ta­bi­li­dad y el com­pro­mi­so, al tiem­po que inte­gran la tec­no­lo­gía de for­ma éti­ca y efi­cien­te.

En defi­ni­ti­va, la evo­lu­ción de este direc­ti­vo exper­to en per­so­nas refle­ja la pro­pia evo­lu­ción de las orga­ni­za­cio­nes y de la socie­dad. Hoy más que nun­ca, esta figu­ra repre­sen­ta una opor­tu­ni­dad para lide­rar el cam­bio, huma­ni­zar la tec­no­lo­gía y demos­trar que el éxi­to empre­sa­rial y el bien­es­tar de los emplea­dos no solo son com­pa­ti­bles, sino inse­pa­ra­bles.