Uno de cada tres españoles mayores de 55 años convive con una mascota, según el ‘VI Barómetro del Consumidor Sénior’ del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE. El estudio revela que estos animales no solo aportan compañía y bienestar emocional, sino que también ayudan a mantener rutinas, fomentar la actividad física y favorecer las relaciones sociales.
Las mascotas se han convertido en un importante apoyo para muchas personas mayores de 55 años. Su presencia en el hogar no solo aporta compañía y afecto, sino que también puede contribuir a mantener rutinas, favorecer la actividad física y reforzar las relaciones sociales. Así lo recoge el ‘VI Barómetro del Consumidor Sénior’, elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE, que analiza por primera vez la relación entre la población sénior y los animales de compañía.
Según los datos del estudio, uno de cada tres españoles mayores de 55 años, concretamente el 33%, convive actualmente con una mascota. Una relación que parece tener un impacto especialmente significativo en el bienestar emocional. El 91% de los sénior que conviven con un animal asegura que este les ayuda a sentirse acompañados, mientras que el 85% afirma que les anima en momentos de tristeza o soledad.
Estos porcentajes ponen de manifiesto que la convivencia con una mascota puede trascender el concepto tradicional de animal de compañía y convertirse en un elemento más dentro de las estrategias de envejecimiento saludable. En una etapa vital en la que pueden producirse cambios en las relaciones personales, las rutinas o la actividad cotidiana, el cuidado de un animal introduce nuevas responsabilidades y estímulos en el día a día.
El impacto de las mascotas, de hecho, no se limita al ámbito emocional. Alimentar al animal, atender sus necesidades, sacarlo a pasear o reservar un tiempo diario para jugar y acompañarlo son actividades que contribuyen a estructurar la jornada. El ‘VI Barómetro del Consumidor Sénior’ señala que el 78% de quienes tienen mascota considera que esta le ayuda a mantener una rutina diaria.
La actividad física constituye otro de los beneficios asociados a esta convivencia. El 63% de los sénior con mascota afirma que el animal le ayuda a mantenerse físicamente activo, principalmente a través de los paseos. Aunque el nivel de actividad puede variar en función del tipo de animal y de las circunstancias personales de cada individuo, el hecho de tener que atender regularmente sus necesidades puede favorecer la incorporación de movimiento a la vida cotidiana.
A ello se suma el componente social. El 60% de los mayores de 55 años que conviven con una mascota considera que esta favorece sus interacciones con otras personas. Los paseos, las visitas a espacios públicos o el contacto con otros propietarios pueden generar oportunidades de conversación y relación, contribuyendo a mantener los vínculos con el entorno.
El informe del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE también revela que la presencia de animales de compañía entre los mayores de 55 años no es homogénea y presenta diferencias en función de la situación laboral y personal.
La convivencia con mascotas alcanza su porcentaje más elevado entre las personas que continúan trabajando. El 43% de los mayores de 55 años que se encuentran en activo vive con un animal de compañía. Una cifra similar se registra entre las personas incapacitadas, donde el porcentaje alcanza el 42%.
Entre quienes están a cargo del hogar, la proporción se sitúa en el 35%, mientras que entre los jubilados desciende hasta el 27%. Estos datos muestran que la relación entre las personas sénior y sus mascotas está condicionada por el momento vital y las circunstancias particulares de cada persona.

El estudio también identifica un grupo de mayores de 55 años que, pese a no convivir actualmente con un animal, sí muestra interés por hacerlo. En concreto, el 12% de quienes no tienen mascota afirma que le gustaría convivir con una, aunque diferentes circunstancias se lo impiden. Entre ellas se encuentran motivos relacionados con la salud, cuestiones económicas y otras situaciones personales.
Este último dato pone de relieve que el deseo de contar con la compañía de un animal existe entre una parte de la población sénior que finalmente no puede asumir esa convivencia. Las responsabilidades que implica el cuidado de una mascota, desde las necesidades económicas hasta la disponibilidad física para atenderla, pueden convertirse en factores determinantes a la hora de tomar esta decisión.
Los resultados del barómetro sitúan a los animales de compañía como un elemento que puede contribuir a diferentes dimensiones del envejecimiento saludable. Más allá de la compañía, su cuidado puede ayudar a mantener una estructura cotidiana, promover el movimiento y facilitar el contacto con otras personas.
Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics, destaca precisamente esta dimensión integral del vínculo entre personas sénior y mascotas. “Cuando hablamos de envejecimiento saludable, también es importante la autonomía, la participación y la capacidad de mantener una vida cotidiana activa y estructurada. En ese ámbito, las mascotas pueden tener un papel clave: obligan a mantener rutinas, favorecen el movimiento, generan interacción social y aportan compañía. Los datos del ‘VI Barómetro del Consumidor Sénior’ muestran que, para muchas personas sénior, convivir con un animal forma parte de esas condiciones que ayudan a mantener una vida más activa y conectada”, señala.
En este sentido, los datos recopilados por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE apuntan a que la relación entre las personas mayores y sus animales de compañía puede tener una dimensión que va más allá del afecto. La mascota puede convertirse en un estímulo para mantener hábitos, responsabilidades y contactos sociales en una etapa en la que preservar la autonomía y la participación en el entorno adquiere una especial relevancia.
Con un 33% de los españoles mayores de 55 años conviviendo con una mascota y porcentajes superiores al 60% entre sus propietarios en aspectos como la compañía, las rutinas, la actividad física o la interacción social, el barómetro pone de manifiesto el papel que estos animales pueden desempeñar en el bienestar de la población sénior.
Los resultados refuerzan así una visión del envejecimiento saludable que no se limita al cuidado de la salud física, sino que incorpora también factores como el bienestar emocional, la actividad, las relaciones sociales y la posibilidad de mantener una vida cotidiana estructurada y conectada con el entorno.



